El ‘pájaro del amanecer’ ilumina la historia de los dinosaurios con plumas

El ‘pájaro del amanecer’ ilumina la historia de los dinosaurios con plumas 
El esqueleto completo y muy bien conservado de un nuevo dinosaurio emplumado del Jurásico Medio cambia algunas ideas previas sobre el origen y evolución de las aves. Este nuevo fósil, llamado Aurornis xui, es el más antiguo de los avialanos –que incluye aves y dinosaurios cercanos– y vuelve a incluir a Archaeopteryx en este grupo.

Aurornis xui –del latín Aurora y Ornis, pájaro del amanecer– es el nombre con el que han bautizado al dinosaurio avialano más antiguo encontrado hasta la fecha, gracias a un fósil completo, perteneciente al Jurásico Medio y descubierto en la provincia de Liaoning (China).

El descubrimiento, publicado hoy en Nature, también devuelve a Archaeopteryx al grupo Avialae –que incluye a las aves y a sus parientes más cercanos–. Este nuevo fósil también aclara la clasificación de otros dinosaurios parecidos a aves como Troodon.

Científicos del Real Instituto Belga de Ciencias Naturales han analizado este dinosaurio y, tras compararlo con otros avialanos, han confirmado que tanto el nuevo Aurornis xui como el clásico Archaeopteryx pertenecen al grupo Avialae.

Además, el estudio coloca a Troodontidae, otra familia de dinosaurios parecidos a aves, como grupo hermano de los avialanos. Los autores también sugieren que la diversificación de las aves tuvo lugar en Asia durante el final del Jurásico Medio.

El dilema de Archaeopteryx

No existe un consenso entre los paleontólogos sobre la posición de Archaeopteryx, ya que según la definición de ave que se elija este famoso animal podría o no ser un ave.

La comparación de Aurornis con Archaeopteryx sitúa a ambos dentro del grupo Avialae. Este grupo, definido por Gauthier en 1986, engloba aquellas especies que están más cerca de las aves que del dinosaurio Deinonychus.

De esta forma, Aurornis sería el avialano más antiguo, y Archaeopteryx uno de los puntos de divergencia más antiguos dentro del grupo.

SINC

Las teorías estelares se tambalean

Las teorías estelares se tambalean 
Los astrónomos esperarían que estrellas como el Sol expulsasen la mayor parte de sus atmósferas al espacio durante la fase final de sus vidas. Pero nuevas observaciones de un enorme cúmulo estelar llevadas a cabo con el telescopio VLT (Very Large Telescope) de ESO han demostrado — contra todo pronóstico — que la mayor parte de las estrellas estudiadas sencillamente nunca alcanza esa fase. El equipo internacional ha descubierto que la mejor forma de predecir cómo acaban sus vidas es conociendo la cantidad de sodio de las estrellas.

Durante mucho tiempo se pensó que la forma en que evolucionan y mueren las estrellas era un campo bien comprendido. Detallados modelos predecían que las estrellas con una masa similar a la del Sol tendrían un periodo, hacia el final de sus vidas — denominado de rama gigante asintótica o AGB — en el que pasaría por una explosión final del núcleo y gran parte de su masa sería expulsada en forma de gas y polvo hacia el exterior.

Este material expelido forma después nuevas generaciones de estrellas y este ciclo de pérdida de masa y renacimiento es vital para explicar la evolución química del universo. Este proceso es a su vez el que proporciona el material requerido para la formación de planetas — e incluso los ingredientes para la vida orgánica.

Pero cuando el experto australiano en teoría estelar Simon Campbell, del Centro de Astrofísica de la Universidad de Monash (Melbourne) revisó antiguos artículos, encontró abrumadoras evidencias que sugerían que algunas estrellas se saltaban estas reglas y obviaban por completo esta fase. Nos cuenta la historia:

“Para un científico que trabaja con modelos estelares ¡esta sugerencia era una locura! Según nuestros modelos, todas las estrellas pasan por la fase AGB. Revisé de nuevo todos los estudios antiguos, y descubrí que no había sido investigado adecuadamente. Decidí investigar por mi cuenta, a pesar de tener muy poca experiencia observacional”.

Campbell y su equipo utilizaron el telescopio VLT (Very Large Telescope) de ESO para estudiar con mucho cuidado la luz proveniente de las estrellas ubicadas en el cúmulo globular de estrellas NGC 6752, en la constelación austral del Pavo. Esta inmensa bola de estrellas viejas contiene tanto estrellas de primera generación como estrellas de segunda generación que se formaron más tarde. Las dos generaciones pueden distinguirse por la cantidad de sodio que contienen — los datos de alta calidad obtenidos por el VLT permiten hacer estas medidas.

“FLAMES, el espectrógrafo multiobjeto de alta resolución del VLT, era el único instrumento que podía permitirnos obtener datos de tan alta calidad para 130 estrellas al mismo tiempo. Y nos permitió observar gran parte del cúmulo globular de una vez”, añade Campbell.

Los resultados fueron sorprendentes — todas las estrellas AGB del estudio eran de primera generación, con bajos niveles de sodio, y ninguna de las de segunda generación, con mayor cantidad de sodio, había pasado por la fase de estrella AGB. Un 70% de las estrellas no había pasado por la fase final de pérdida de masa y quemado del núcleo.

“Parece que las estrellas necesitan tener una “dieta” baja en sodio para alcanzar la fase de AGB en su edad anciana. Estas observaciones son importantes por varios motivos. Estas estrellas son las más brillantes de los cúmulos globulares — por tanto habrá un 70% menos de estrellas brillantes de lo que predice la teoría. ¡Esto también significa que nuestros modelos de estrellas están incompletos y deben ser revisados!”, concluye Campbell.

El equipo espera encontrar resultados parecidos para otros cúmulos de estrellas y tienen previsto llevar a cabo más observaciones.

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ESO

El cometa 2010 WG9, camino de la Tierra, mantiene intacta su superficie helada

El cometa 2010 WG9, camino de la Tierra, mantiene intacta su superficie helada 
Un equipo de investigadores liderado por el científico estadounidense David Rabinowit ha detectado que el cometa 2010 WG9, que está camino de la Tierra, mantiene intacta su superficie helada, una característica que permitirá a los expertos descubrir nuevos datos sobre la formación del Sistema Solar.

Según ha indicado el experto, esta roca ha sido expulsada de la Nube de Oort, la 'cáscara' que rodea el Sistema Solar, a un año luz del Sol, y cuya existencia es hipotética, es decir, nunca ha sido observada.

Las teorías han determinado que Oort se formó como remanente del disco protoplanetario que se formó alrededor del Sol hace 4,6 miles de millones de años. La hipótesis más aceptada es que los objetos de la nube se formaron muy cerca del Sol, en el mismo proceso en el que se crearon los planetas y los asteroides, pero las interacciones gravitatorias con los jóvenes planetas gaseosos como Júpiter y Saturno expulsaron estos objetos hacia largas órbitas elípticas o parabólicas.

Esta es la razón por la que Rabinowitz ha destacado la importancia de estudiar al cometa 2010 WG9. A su juicio, se podría verificar que la Nube de Oort es un remanente del Sistema Solar.

"Este es uno de los santos griales de ciencia planetaria", ha explicado, para añadir que esta podría ser una "oportunidad única para observar un planetesimal inalterado sobrante de la época de la formación del Sistema Solar".

El científico ha destacado que la observación de los cometas "es muy difícil", ya que están rodeados de brillantes nubes de polvo y gas. También están cerca del Sol, lo que significa que sus hielos se evaporan y su superficie original no se conserva. Pero 2010 WG9 ha conservador su superficie, no está cubierto por el polvo o gas, ya que ha pasado la mayor parte de su vida distanciado del Sol. De hecho, Rabinowitz ha indicado que "nunca se acercará a una distancia del Sol menor de la de Urano".

El cometa fue descubierto hace tres años por astrónomos de la Universidad de Yale, que observaron el objeto durante más de dos años, tomando imágenes de diferentes filtros.

Gracias a dichas observaciones se ha comprobado que la superficie de 2010 WG9 sufre variaciones de color similares a las que pueden verse en la de Plutón, y este tiene parches de hielo de metano. A diferencia del planeta enano, 2010 WG9 es pequeño (100 metros de diámetro) y no puede aferrarse a su hielo de metano. Según los expertos, es posible que parte de la superficie esté recién expuesta después de un impacto.

Para Rabinowitz el siguiente paso es observar 2010 WG9 con telescopios más grandes -y quizás el Telescopio Espacial Hubble- con el fin de medir mejor la variación de color. "Las futuras observaciones nos ayudarán a entender más la nube de Oort, de la que se sabe muy poco, y cuántos objetos hay en ella", ha concluido.

EUROPA PRESS

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